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Fuente: Nuclear News, agosto 2006

¿Qué hacer con las fuentes radiactivas selladas al final de su vida útil?

Artículo: 211 B

Se usan o han usado varios millones de fuentes radiactivas selladas (FRS), algunas de las cuales han dejado de ser útiles por una multiplicidad de causas. Entre ellas están las llamadas huérfanas, no sometidas a control alguno.

El elevado número se debe a su frecuente uso en medicina, industria, construcción, investigación, exploración de petróleo, gas y minerales y en aplicaciones militares y espaciales. La mayor parte ocupan menos de 15 centímetros cúbicos, son herméticas, duraderas y parecen inofensivas. Los periodos de semidesintegración de los radisótopos empleados oscilan desde los 74 días del iridio-192 a los 1.600 años del radio-226 y sus actividades van de menos del megabequerelio a miles de terabequerelios. Pueden emitir neutrones,
partículas alfa o radiaciones beta y gamma.

Algunas fuentes no ofrecen riesgos por su baja actividad o por no ser dispersables, mientras que otras son altamente peligrosas. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) las ha clasificado en cinco categorías, que van desde la 1, de máxima peligrosidad y que puede producir la muerte por exposición, hasta la 5, que es benigna. En la práctica las más peligrosas son las categorías 1 y 2.
La categoría 1 incluye generadores termoeléctricos (estroncio-90 y plutonio-238), irradiadores para esterilización y conservación de alimentos (cobalto-60 y cesio-137) y teleterapia contra el cáncer (cobalto-60 y cesio-137). La categoría 2 comprende equipos de radiografía industrial (cobalto-60 e iridio-192) y fuentes de
braquiterapia (cobalto-60, cesio-137 e iridio-192).

En algunos casos, una fuente peligrosa puede devolverse al suministrador para nuevo uso o reciclado. Salvo esta opción, debe almacenarse por un largo tiempo, en instalaciones de superficie a una profundidad de menos de 10 metros donde, en un periodo máximo de 300 años, habrán decaído suficientemente a niveles próximos a la
radiación natural.

En otros casos, las fuentes que contienen radisótopos de larga vida, como americio–241 (periodo 432 años) o radón-226 (1.600 años) o de gran actividad, como cesio-137 (30 años) y estroncio-90 (29 años), habrán de ser almacenadas a mayor profundidad y durante un mayor
periodo de tiempo.

Se estima que en el mundo hay unas 100.000 fuentes peligrosas,
de las cuales unas 26.000 se encuentran en Estados Unidos y varias decenas de miles en la Unión Europea, lo que no plantea problemas graves de volumen. Se cree que seis perforaciones de 2 metros de diámetro y 45 metros de profundidad albergarían todas las fuentes de
Estados Unidos, que ocuparían unos 140 metros cúbicos con las fuentes ya preparadas para su almacenaje. Un volumen semejante ocuparían las de la Unión Europea (UE). El problema reside en que ni Estados Unidos, ni ninguno de los países que forman la UE dispone aún de un repositorio para estas fuentes. Sólo aquellos países
que construyen o tienen planes para un repositorio de combustible gastado podrían utilizarlo para almacenar estas fuentes peligrosas.