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Uno de los temas que más inquieta a la sociedad respecto al empleo de la energía nuclear para la producción de electricidad y otras aplicaciones es la gestión de los residuos que se generan.
Todas las industrias producen residuos, y la industria nuclear nuclear no es una excepción. La industria nuclear reconoce que los residuos que genera dan lugar a una cierta inquietud, pero desde comienzos del uso civil de la energía nuclear ha realizado enormes inversiones en equipos e investigación en este campo, con el fin de asegurar que tanto las personas como el medio ambiente estén debidamente protegidos.
El volumen de residuos radiactivos es pequeño en comparación con la cantidad total de residuos industriales y domésticos que se genera cada año en Europa. De hecho, supone sólo el 0,8% de todos los residuos industriales tóxicos que se producen en Europa, y el 0,008% del total de residuos industriales. El reducido volumen de residuos que se genera por kWh de energía eléctrica generada hace que sea técnica y económicamente factible manejar los residuos radiactivos con el debido cuidado y rodearlos de barreras fiables y estables.
Técnicamente, la industria nuclear ha demostrado su capacidad para gestionar los residuos que produce en su actividad con seguridad para el público y el medio ambiente. Hoy es posible tratar el combustible gastado con absolutas garantías de seguridad utilizando tecnologías probadas y perfectamente desarrolladas.
En la actualidad, lo único que se necesita es la determinación pública y política para tomar una decisión consensuada y con perspectivas a largo plazo. La toma de decisión no es urgente, aunque tampoco debería posponerse demasiado. Las centrales nucleares están diseñadas y autorizadas para albergar temporalmente el combustible gastado en las piscinas construidas con este objeto. Estas piscinas, que forman parte de las instalaciones, tienen una capacidad suficiente como para almacenar el combustible de cada central hasta los años 2010/2025, según la central.
La decisión sobre la gestión definitiva de los residuos radiactivos debe tomarse con rigor, consenso, responsabilidad y aceptación pública. Por ello, la industria nuclear sigue investigando mientras que las fuerzas políticas deben llegar a un acuerdo siguiendo criterios de seguridad y responsabilidad social.
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