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El núcleo ha tratado en números anteriores diversos aspectos del papel de la energía nuclear en la satisfacción de las necesidades energéticas. En un período de tiempo relativamente corto, el panorama energético mundial ha cambiado sustancialmente, tanto del lado de la oferta como del de la demanda, y el calentamiento global ha pasado de ser una hipótesis más o menos controvertida a ser objeto de una considerable alarma social.
En las condiciones actuales, la energía nuclear se perfila más que nunca como una importante contribución limpia a la generación eléctrica de base, con plena garantía de suministro y costes poco sensibles a los condicionamientos geopolíticos. La opinión pública empieza a reconocer este hecho y en diversos países se estudian planes para un nuevo ciclo de inversiones en centrales nucleares.
En los próximos años el orden de mérito de la generación eléctrica debe valorarse en función de sus características técnicas, las garantías de aprovisionamiento sin interrupciones, su respeto al medio ambiente y sus condiciones económicas; a tal fin entrarán en competencia los combustibles fósiles, especialmente el carbón y el gas natural, la energía nuclear y las energías renovables, sobre todo la hidráulica y la eólica. No se prevén mejoras sustanciales en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente cuando se tienen en cuenta los sectores no regulados por el Protocolo de Kioto (como el transporte), y los muchos países, algunos muy importantes, que no lo han suscrito. Se vislumbra, en cambio, el principio de una ordenación racional de gestión de la demanda, ahorro energético, programas de desarrollo tecnológico y gestión de la oferta, que nos lleve a una situación manejable hasta mediados del siglo XXI.
El futuro más lejano presenta incógnitas que han de ser discutidas a fondo, para ordenar la gestión tecnológica que permita un desarrollo sostenible con los recursos disponibles. Se avecinan retos importantes para la humanidad, pero la inteligencia del hombre ha de encontrar un camino para compaginar los recursos disponibles con las necesidades de un bienestar razonable y bien repartido, sin perjudicar a las generaciones posteriores. La energía nuclear tiene y tendrá su lugar en este camino, ajustándose a las necesidades de cada momento.
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