|
Versión
completa en
formato PDF

|
En los últimos meses, la preocupación por la seguridad de suministro y la tendencia alcista de los precios de los combustibles se han acrecentado, a la par que se confirma la fuerte demanda de energía en los países en desarrollo, singularmente en los grandes mercados asiáticos. El cambio climático es ahora para la sociedad una amenaza real y se avecina una situación en la que se establecerán nuevas metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Se acerca el momento en que las emisiones contaminantes sean gravadas con tasas en amplias zonas del mundo, lo que encarecerá aún más la producción de energía con combustibles fósiles.
Los organismos internacionales dan ya como un hecho que la contribución de la energía nuclear a la generación eléctrica va a crecer, manteniendo el porcentaje actual cercano al 17% e incluso, en escenarios alternativos pero muy plausibles, acercándose al 33% reinante hoy en Europa.
Pero estas instituciones sólo pueden recomendar una configuración de la cesta energética, dejando las decisiones a la iniciativa de cada país y de sus agentes industriales. Ha llegado el momento de pasar de las predicciones y las recomendaciones a la formulación de planes concretos, impulsados por la convicción de las entidades generadoras, estatales o privadas, de que la situación energética lo exige. Las entidades financieras están pasando del escepticismo a la consideración seria de que es posible atender un aumento de la demanda de capital para centrales nucleares, con riesgos menores de los previstos hasta ahora.
Los reguladores se preparan para analizar las solicitudes de autorización que van llegando y la industria se reorganiza para atender un mercado que se estima que tendrá una gran expansión. En la actualidad están anunciando planes de construcción de centrales nucleares varios países que continuaron los esfuerzos nucleares, como Japón, Corea, China, India, Francia, Finlandia y Rusia; en otros, como Estados Unidos, está teniendo lugar una carrera de solicitudes de emplazamiento y combinadas de construcción-operación, previas a las decisiones definitivas de construcción.
En varios países de la Unión Europea, incluida España, no ha calado aún la necesidad de un nuevo despliegue nuclear, por motivos que poco tienen que ver con la competitividad y con la técnica. Sin embargo, la industria nuclear española contempla la situación actual con gran interés y, desde luego, participa ahora y lo hará mucho más en el futuro en el mercado de suministros y servicios que se configura en distintas partes del mundo.
|
|