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  • Centrales Nucleares

    Las centrales nucleares generan empleo cualificado. El sector nuclear español emplea en la actualidad a 30.000 personas entre puestos directos e indirectos
  • La industria nuclear

    La industria nuclear española contribuye a la competitividad y desarrollo económico, y está presente en más de 40 países
  • Energía Nuclear

    La nuclear es la fuente de energía que más horas funciona al año. Contribuye a garantizar el suministro eléctrico, frena las emisiones contaminantes y reduce la dependencia exterior
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Capítulo 2 - Energía y sociedad

20. ¿Es posible vivir sin utilizar la energía?

La necesidad de la energía es tan evidente que referirse a ello constituye un tópico. Antes de nada porque la propia vida biológica está basada en procesos de oxidación que consumen energía y generan residuos. Además, porque como es de todos conocido, la actividad humana requiere en cada segundo, de forma indispensable y generalizada, emplearla: en la agricultura (abonos, secaderos, plaguicidas, cosechadoras, ....), en todos los procesos industriales (calor, frío, metalurgia, alimentación, vestido, ... en los transportes (terrestres, marítimos y aéreos), en los hogares, en las actividades recreativas, en los servicios (financieros, información, comunicación..), etc.

En definitiva, las sociedades actuales, sea cual sea su nivel de bienestar, no pueden funcionar ni sobrevivir sin un abastecimiento adecuado y regular de energía, de forma que todo el proceso del ciclo energético (obtención, procesado y suministro de energía allí donde y cuando se requiera y al menor coste posible) constituye un apartado significativo del sistema económico mundial. También, por todo ello y por su carácter de "insustituible", la energía es un factor geopolítico y geoeconómico que protagoniza las relaciones y la convivencia humana, con sus conflictos y sus logros.

21. ¿Qué relación existe entre la evolución del consumo energético y la evolución de la sociedad a lo largo de la historia?

La enorme importancia de la energía en el mundo actual no debe inducirnos a pensar que su uso sea algo exclusivo de las economías modernas, pues desde tiempos remotos el hombre ha sabido utilizar, además de su propio esfuerzo físico, el de algunos animales domésticos para obtener energía mecánica; a ello unirá después las fuerzas del viento y de las corrientes de agua. El ciclo energético antiguo se completa con el calor obtenido por la combustión de la madera, usado en los hogares y en incipientes actividades fabriles para fundir metales y obtener todo tipo de herramientas y utensilios.

Con el inicio de la Revolución Industrial en Inglaterra durante el siglo XVIII, extendida a Europa y Norteamérica a lo largo de la primera mitad del XIX, se producen transformaciones cualitativas y cuantitativas importantes, al desaparecer paulatinamente en las sociedades más avanzadas el modelo de consumo y producción hasta entonces imperante, sustituyéndose las fuentes empleadas durante milenios por otras nuevas cuyo uso, además, se incrementa exponencialmente. La coincidencia no es casual, pues el gran salto que supone este proceso de transformaciones económicas, sociales y técnicas, conocido con el ya acuñado término de Revolución Industrial, habría sido imposible sin la sustitución de las energías hasta entonces disponibles (biomasa con la madera, animales de carga: caballos y bueyes, algunos molinos hidráulicos, etc...) por el carbón y, después, por los hidrocarburos y la hidroelectricidad, añadiendo hoy el gas y la nuclear, todas las cuales constituyen uno de los pivotes básicos de la economía de las sociedades modernas.

Para que lo anterior sucediese fue preciso un espectacular desarrollo tecnológico, desde la máquina de vapor al reactor nuclear, pasando por el motor de explosión y el generador eléctrico que, en definitiva, hizo operativa la aplicación de esas fuentes energéticas a múltiples usos.

Si la historia humana evoluciona por las transformaciones sociales, técnicas y económicas, las energéticas se insertan dentro de estos dos últimos ámbitos.

22. ¿Existe relación entre bienestar y consumo de energía?

El consumo de energía por habitante constituye uno de los indicadores más fiables del grado de desarrollo económico y de bienestar de una sociedad determinada. En este sentido, la demanda energética se asocia de forma generalizada con el Producto Nacional Bruto (PNB) de un país, con su capacidad industrial y con el nivel de vida alcanzado por sus habitantes.

Mientras Europa, incluyendo la antigua URSS, con una población de 870 millones de habitantes, necesita 2.913 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep) anuales, África, con parecida población, 831 millones, sólo requiere 300 Mtep. Otro dato completa lo dicho si nos referimos a la totalidad del planeta, donde la tercera parte de los 6.500 millones de habitantes que lo habitan no tiene acceso al suministro eléctrico ni a sistemas garantizados de suministro de agua potable.Lo anterior no es más que un ejemplo de una realidad que establece la correlación entre el consumo de energía y el nivel de vida. El 20% de la población que consume el 80% de la energía es el que disfruta de un nivel de vida y bienestar mas avanzado. Este desequilibrio induce a las sociedades en régimen de penuria a acercarse a los modelos de las sociedades avanzadas, lo que significa, inevitablemente, importantes expectativas de incremento de su consumo energético.

En las actuales proyecciones de crecimiento demográfico y de consumo energético publicadas por diferentes organizaciones internacionales como la OCDE y organizaciones privadas como el Consejo Mundial de la Energía se señala un incremento del 25% de población y del 50% de consumo energético en los próximos 20 años. Se sumarán 2.000 millones de nuevos seres humanos, la población de China y Europa, que demandarán luz, alimentos, trabajo digno, agua, enseres, etc.

Aunque desde ciertas perspectivas del pensamiento ecológico se quiera negar la evidencia, existe una alta correlación entre consumo energético y toda una serie de magnitudes económicas que facilitan el bienestar social. Así se puede comprobar en los gráficos siguientes cómo los países de mayor consumo de energía son los que presentan mejores niveles de bienestar y desarrollo económico. Porque mientras en unas sociedades existe derroche (corregible educando conductas y utilizando el sistema socioeconómico), en otras lo que falta es lo mínimo, y para subsanarlo, inevitablemente se incrementará la demanda energética.

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La correspondencia entre el nivel de vida y el consumo energético se puede apreciar asimismo desde la perspectiva histórica, ya que existen evidentes relaciones entre crecimiento económico y mayor demanda de energía. Cuando un país empieza a avanzar por la senda del desarrollo, su estructura económica se caracteriza por un predominio de las actividades primarias (agricultura, pesca), a las que se unen algunas artesanales, siendo, por tanto, su consumo energético bajo. Iniciado el proceso de crecimiento, la industria aumenta en importancia, lo mismo que los transportes, sectores ambos que requieren gran cantidad de energía. Si a lo anterior unimos la creciente mecanización de todas las actividades, incluidas las domésticas, parece evidente la importancia de la energía y la mayor demanda de ésta. No obstante, cierto es que la mayor eficacia técnica de las máquinas permite reducir progresivamente el uso de la energía para iguales niveles de producción.

Nota: La Organización para el Desarrollo Económico (OCDE) es una organización internacional compuesta por 30 países desarrollados cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales con el objetivo de promover el empleo, el crecimiento económico y la mejora de los niveles de vida en los países miembros y, asimismo, mantener su estabilidad y ayudar a la expansión económica en el proceso de desarrollo de los demás países. Los países miembros actuales son: Alemania, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, EE.UU., Francia, Grecia, Irlanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia, Suiza, Turquía (con carácter de fundadores en 1961), Japón (1964), Finlandia (1969), Australia (1971), Nueva Zelanda (1973), México (1994), República Checa (1995), Hungría (1996), Polonia (1996), Corea del Sur (1996) y Eslovaquia (2000).

23. ¿Qué energías primarias se utilizan en el mundo?

De todas las fuentes de energía aludidas en el capítulo anterior, únicamente cinco se emplean de forma masiva y por este orden en el mundo actual: petróleo, carbón, gas natural, nuclear de fisión y energía hidráulica. Suman el 95% del consumo mundial. Esto es algo importante a tener en cuenta porque, de momento, y con independencia de otras energías denominadas nuevas, son las únicas que pueden responder en cantidad, calidad y precio a las necesidades energéticas de la humanidad.

Existen otras energías también empleadas bajo circunstancias muy diferentes. Así, en el llamado Tercer Mundo y para cubrir las necesidades domésticas se continúan empleando las históricas, (diversos tipos de biomasa, desde leña hasta residuos agrícolas, ...). En la actualidad es creciente la utilización de las energías renovables gracias al desarrollo del conocimiento y de las tecnologías que lo hacen posible junto con medidas políticas y económicas favorecedoras de su introducción en el mercado. Cabe citar sobre todo la energía eólica y en menor grado la solar junto a la biomasa. En grado solo de demostración pero sin un horizonte comercial despejado hay experiencias en la energía mareomotriz (Francia y Canadá) y geotérmica en Islandia con un aprovechamiento relativamente importante. Todas estas energías primarias renovables, descontadas la hidráulica y la eólica, tienen hoy una relevancia escasa y en bastantes países puramente anecdótica. Ello no es óbice para que debamos esforzarnos en su investigación y utilización, sobre todo en la eólica y en la solar.

24. ¿Cuál es la mejor fuente energética?

No existe ninguna energía que cumpla hoy con todas las exigencias que demandan la economía y la sociedad. De existir debería cumplir con las siguientes características básicas:

  1. Que garantizase el suministro tanto logrando su aprovisionamiento seguro como su disponibilidad en todo momento.
  2. Que fuese accesible socialmente con precios aceptables.
  3. Que fuese lo más respetuosa posible con el medio ambiente.

A la hora de decidir por una energía tenemos que considerar otro nuevo condicionante que surge de las condiciones de su uso final. Por ejemplo, el uso del carbón en la siderurgia, del gas y del petróleo en la industria química y el transporte y sobre todo de estos dos últimos en la producción de calor industrial. Para la generación eléctrica concursan las tres con capacidad para garantizar la potencia y ayudadas por las renovables. Pero éstas, al no ser almacenables y ser imprevistas, están limitadas a la hora de garantizar el suministro continuo y en los valores demandados.

Sin embargo no debemos olvidar las limitaciones que presentan cada una de las energías existentes.

Las energías fósiles tienen una gran densidad energética y son almacenables, pero generan en distinto grado gases del efecto invernadero, aparte de otros contaminantes. Además, son finitas en el tiempo, con mayor preocupación para el petróleo y el gas, ¿40 y 60 años de reservas? A esto hay que añadir el coste creciente, sobre todo del petróleo y del gas.

La energía nuclear de fisión cubre un horizonte temporal hasta lograr la de fusión en este siglo y debe resolver su controversia social. Es, sin duda, un factor de estabilidad en el abastecimiento y en la economía, por la estabilidad de precios que tiene. La energía nuclear de fusión es todavía una esperanza que de resolverse abrirá un futuro completamente diferente.

Las energías renovables están sometidas a la variabilidad climatológica, no son almacenables en términos industriales y no está garantizada su disponibilidad, pero ayudan a reducir el consumo de las energías fósiles. Su precio es todavía muy elevado y se requieren políticas de apoyo financiero externo. No son contaminantes, excepto la biomasa. La hidráulica puede ser todavía desarrollada en las economías emergentes pero con impactos ambientales que quizás ahora sean difíciles de aceptar.

No existe la energía ideal y la solución energética hoy universalmente aceptada es definir una "cesta" energética que tendrá una definición específica según cada país y cada momento. No hay ninguna energía prescrita aunque en algunas sociedades se definan políticas restrictivas locales y temporales.

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25. ¿Cómo ha evolucionado el abastecimiento mundial de energías primarias?

Finalizada la segunda guerra mundial y tras varios decenios de intenso crecimiento de la demanda energética, abastecida sin problemas por una producción en continuo ascenso y un precio del petróleo muy alejado del valor real, menos de 5 $/barril, el brutal ascenso de éste hasta valores de 30 $ unido al conflicto bélico árabe-israelí provocado en Oriente Medio en 1979, desencadena una crisis económica que frena el consumo e incluso origina un retroceso del mismo, incrementándose pocos años después, en la década de los 80, por un nuevo rebrote bélico desencadenante de una nueva escalada del precio del crudo.

El cambio en la evolución de la demanda se debió fundamentalmente a dos factores: el efecto renta y el efecto sustitución. El primero fue una consecuencia directa de la generalizada crisis económica, pues dada la relación existente entre bienestar material y consumo energético, el retroceso de aquél (medido en términos de producto por persona, paro, inflación e incertidumbre) afectó a éste en igual sentido.

El efecto de sustitución empezó a evidenciarse claramente con el encarecimiento de la energía, procurándose, a corto plazo, un ahorro energético a través de un consumo más racional; y a medio plazo, reemplazando los equipos y máquinas de alto requerimiento energético por otros que, con similares resultados, consumiesen menos energía. La innovación jugó aquí un importante papel y se encontró una alternativa en la energía nuclear para la producción eléctrica con la puesta en marcha de importantes inversiones.

Así mismo, surge en esta época un nuevo factor que va a adquirir una gran relevancia hasta hoy. El factor social desencadenado por una nueva cultura que destaca nuevos valores como el medioambiental así como conductas y que altera usos y costumbres de todo tipo y condición con repercusiones indudables en las decisiones económicas, los acuerdos sociales y los proyectos tecnológicos.

Si se observa lo ocurrido según la evolución en el consumo de energías primarias, se puede ver que las energías que más se encarecieron fueron penalizadas en el consumo. Ello respondió al éxito de la actuación de los gobiernos que pusieron en práctica políticas de ahorro y medidas para desincentivar y corregir el consumo energético. Así, por ejemplo, el petróleo llegó a perder en el período 1973-1997 casi diez puntos porcentuales dentro del total del abastecimiento energético mundial. Por el contrario, el carbón se mantuvo casi estable, dato este significativo por cuanto hasta el inicio del período considerado estuvo descendiendo notablemente al ser sustituido por los hidrocarburos, hasta entonces muy asequibles. Como ya se ha indicado hay que destacar el fuerte incremento de la energía nuclear, cuya aportación en términos relativos fue en continuo crecimiento debido principalmente a su bajo coste. Hay que resaltar la importancia que la electricidad adquiere como energía final de consumo debido a la calidad de su suministro que es percibida por el consumidor que sustituye el uso del carbón.

Desde mediados de los años 80, la recuperación económica de los países industrializados, junto a los fuertes descensos en los precios de los crudos y del carbón, propiciaron el inicio de un nuevo ciclo del crecimiento del consumo, con máximos históricos en los años sucesivos hasta la crisis financiera desencadenada por la burbuja tecnológica en 2000, ya superada, pero que no supuso alteraciones en los precios energéticos. El petróleo se situó en una banda estable entre los 10 y 20€.

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26. ¿Cuáles son las principales áreas geográficas de consumo y de producción energética?

Si agrupamos a los países en función de criterios de homogeneidad geográfica, se pueden identificar una serie de áreas en las que se singularizan algunos países según su consumo energético y otros por su producción.

Los cambios habidos en el mapa político, unificación de Alemania y desmembración de la URSS y Yugoslavia, no tienen una especial influencia en lo que al mapa energético se refiere, ya que sus repercusiones parciales tardarán todavía bastantes años en ser recogidas en las estadísticas energéticas mundiales.

Así pues, considerando la situación según las áreas clásicas, nos encontramos con las características siguientes:

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OCDE Europa, con una producción insuficiente para cubrir sus amplias necesidades energéticas, precisa importar un porcentaje significativo (50%) de lo que consume, fundamentalmente petróleo procedente de la OPEP. Algunos de los países de esta zona tienen, sin embargo, importantes capacidades productivas de ciertas energías primarias: éste es el caso de Alemania y el Reino Unido, en carbón; de Holanda, en gas natural; de Noruega y Reino Unido, en petróleo; de Francia y Alemania en energía nuclear.

OCDE Pacífico (Australia, Corea del Sur y Japón) es también deficitario, debido al elevado consumo de Japón, país no demasiado dotado de recursos aunque con importante producción hidroeléctrica y nuclear. Últimamente Australia ha surgido como un gran productor y exportador de carbón, elevando algo las reducidas cifras de la zona, que, como Europa Occidental, realiza masivas importaciones de crudo procedente de la OPEP.

La ya desaparecida Unión Soviética ha sido el mayor estado productor de energía y el segundo en consumo, con un excedente que ha abastecido las necesidades de los países del Este de Europa —durante décadas bajo la órbita soviética— y ha exportado a Occidente. Rusia es la que cuenta con los mayores recursos energéticos.

Europa no OCDE presenta saldo deficitario debido a un cierto nivel de consumo y a la falta de hidrocarburos. Su producción energética está centrada en el carbón, destacando Polonia, tanto por la cuantía de su oferta interna, como por ser el único país del grupo con saldo neto exportador. La reunificación alemana aumentó su déficit energético, pues la calidad y competitividad de las minas de carbón de la antigua Alemania Oriental son muy cuestionables.

La OPEP, organización o cartel exportador de petróleo, presenta un débil consumo frente a una enorme riqueza de hidrocarburos, que vende, sobre todo, a los países industrializados de Occidente. Su papel como equilibrador del balance energético mundial es sencillamente clave.

América no OCDE, con bajos niveles de consumo y producción, presenta un superávit energético no muy relevante, pues si excluimos de la zona a Venezuela, Ecuador, integrados en la OPEP, y México, gran exportador de petróleo, no integrado en esa organización, desnivela el saldo hacia el lado positivo.

En el resto del mundo, auténtico cajón de sastre, hay numerosos países de baja producción y consumo, con las excepciones de China, India y Sudáfrica.

27. ¿Qué es una crisis energética?

Se puede definir como un desajuste temporal entre la oferta y la demanda energética que se salda, de forma habitual, con fuertes incrementos de los precios de las distintas energías. Esto último se da, obviamente, en el caso de que la oferta sea superada por la demanda, desencadenante de la crisis desde la perspectiva de una nación importadora, como es el caso de los países del mundo occidental, en general, y de España en particular. Sin embargo, desde la óptica de un país exportador,

caso de los países de la OPEP, la crisis surgiría cuando hubiera un exceso de oferta que ocasionara una caída de los precios energéticos o aparecieran señales económicas en el mercado en forma de elevación de precios anticipatorias de un próximo agotamiento de los recursos energéticos.Si se acepta este doble enfoque de crisis, es preciso reconocer que estas son bastante habituales en la historia económica contemporánea. No obstante, y por las razones apuntadas, la idea de crisis más generalizada es la primera.

El desencadenamiento de las crisis energéticas suele ocurrir cuando los tirones alcistas de la demanda —impulsados por el crecimiento económico— no van acompañados de incrementos paralelos de la producción, pues hay un gran retraso entre la explotación comercial de un nuevo yacimiento y la finalización de la construcción de una central eléctrica.

El ajuste, vía precios, entre una demanda desbordante y una oferta incapaz de satisfacerla en cantidad y calidad constituye un mecanismo de reequilibrio, pues los altos precios precipitan una nueva oleada de inversiones en busca de nuevos yacimientos, nuevas fuentes de energía o nuevas técnicas de uso que, finalmente, restablecerán el equilibrio entre la oferta y la demanda.

28. ¿Cuál ha sido el impacto de las crisis energéticas sobre le economía mundial?

Por su carácter paradigmático y por ser la más destacada, podemos centrarnos en la crisis energética iniciada en octubre de 1973 con la subida de los precios de los crudos y las restricciones de oferta aplicadas por los países de la OPAEP (Organización de los Países Árabes Exportadores de Petróleo). Aunque los efectos fueron múltiples, algunos, por su relevancia, merecen ser destacados:

  • • Se cerró un largo período de precios energéticos bajos y decrecientes y se abrió otro de precios altos y crecientes que duró casi un decenio.
  • • El alza de los precios de los crudos —hecho desencadenante— fue acompañado de elevaciones, algo menores, en los precios de otras energías primarias.
  • • El carácter aleatorio e imprevisible de las alzas de los precios de los crudos, unido a su falta de relación con los costes de extracción, provocó graves incertidumbres a corto y medio plazo sobre la conveniencia de realizar grandes esfuerzos inversores, tanto para desarrollar nuevas fuentes energéticas, como para investigar los recursos de las ya conocidas.
  • • Los países industriales, todos grandes importadores de crudos, vieron sus economías muy afectadas por el alza de precios. De entrada, sufrieron un grave quebranto en sus balanzas comerciales, pero, además, su crecimiento cayó en picado, a la vez que sus tasas de inflación llegaron a los dos dígitos, elevándose también el paro muy por encima de las cifras del decenio precedente.
  • • Dadas las interdependencias existentes en la economía mundial, la recesión de los países industrializados no tardó en generalizarse al resto, sobre todo por la vía del comercio internacional, que experimentó una fuerte contracción.
  • • Los países exportadores de productos petrolíferos, como era lógico esperar, se vieron beneficiados, obteniendo enormes superávit en sus balanzas comerciales al aumentar considerablemente sus ingresos, casi exclusivamente basados en la venta de crudos. Las reservas de divisas que acumularon, pues a corto plazo apenas si aumentó su propensión a importar, colocadas en los principales centros financieros internacionales —Nueva York y Londres— beneficiaron a algunos países desarrollados, pero sometieron a grandes tensiones al sistema financiero internacional.
  • • Los aumentos del precio de la energía, la inflación subsiguiente y las políticas de ajuste provocaron cambios en la división internacional del trabajo, pues mientras ciertos países perdieron competitividad y cuota de mercado, otros aprovecharon la situación al tener ventajas de especialización en sectores no intensivos en energía.

29. ¿Hay escasez de energía en el mundo?

Se trata de una cuestión controvertida. Hasta ahora el mercado ha estado abastecido y suficientemente diversificado con energía abundante y barata (el precio del petróleo en valor constante ha sido inferior al alcanzado en la crisis de los pasados años 70). Pero también hay ya tensiones en el mercado ante el crecimiento de la demanda de las economías emergentes (Asia y Latinoamérica) que anuncian que estamos próximos a concluir el ciclo de extracción "barata" de los hidrocarburos.

Sabemos, ciertamente que en un indeterminado "medio o largo plazo" los combustibles fósiles se agotarán y que son necesarios combustibles sustitutorios y desarrollar las tecnologías adecuadas para su uso. La dificultad radica en concretar, en los análisis de detalle del corto y medio plazo, las fechas y condiciones reales para plantear las correspondientes estrategias de sustitución, tanto en combustibles como en tecnologías.

Téngase en cuenta que para ello, la valoración de los recursos energéticos depende de múltiples factores, entre ellos los económicos (coste de extracción y precios aceptables por el mercado) y los referentes a las tecnologías de extracción y de utilización (crece la eficiencia energética y los rendimientos obtenidos).

Sirve como ejemplo la disponibilidad de tecnologías de prospección capaces de perforar fondos marinos de 2.000 metros de profundidad y que permiten aflorar existencias de petróleo y gas antes inaccesibles.

No es extraño, por tanto, verificar que los informes de duración de las reservas de petróleo y gas publicados a lo largo de los últimos 30 años hayan mantenido plazos de agotamiento de estos recursos en un rango entre los 40 y 60 años, mientras el consumo se ha incrementado en porcentajes próximos al 50% (ver capítulo 3, pregunta 31).

Sin embargo, sí es importante tener muy en consideración que los combustibles fósiles son finitos y parece que petróleo y gas pueden estar agotados en este siglo. No obstante, es seguro que aparecerán con suficiente antelación señales y tensiones en el mercado que anunciarán la próxima situación de carencia. Algunos análisis anuncian que podemos estar ante el fin de la era del petróleo y del gas barato.

Con la información actual, el agotamiento del petróleo y del gas puede tener lugar en el transcurso de este siglo. Las enormes reservas de carbón garantizan su uso más allá de 200 años. El uranio con las actuales tecnologías concluiría también en este siglo, pero nuevos desarrollos tecnológicos en marcha y decisiones políticas como reprocesar el combustible gastado extenderían ese plazo de forma importante. Además, el torio es otro posible combustible nuclear de amplias reservas hoy sin explotar (ver capítulo 9). En este análisis hay que incluir las repercusiones de la protección medioambiental, con la preocupación creciente por las emisiones de gases del efecto invernadero de los combustibles fósiles, lo que alterará las condiciones económicas del mercado y por ello puede animar a la innovación tecnológica.

En el siguiente capítulo se entra más en detalle en el análisis de los recursos. En todo caso, en estos primeros años del presente siglo XXI se perfila la gran preocupación ante el enorme crecimiento de la demanda que anuncian las sociedades de las economías emergentes (China, India, Corea, Brasil, México, etc.). Todas las energías son necesarias pero está claro que recurriremos al empleo intensivo de los abundantes recursos de carbón, expandiremos en la medida de lo posible las energías renovables y la energía nuclear (fisión y fusión), que desempeñará un papel decisivo en el suministro y equilibrio de las necesidades energéticas del mundo.

30. ¿Por qué debe ahorrarse energía?

Los recursos energéticos no son ilimitados, aunque sean relativamente abundantes. Desde el punto de vista económico son bienes escasos y, por tanto, su uso debe ser racional, evitándose el despilfarro. Esto implica que debe obtenerse el máximo aprovechamiento de la energía empleada, evitándose pérdidas innecesarias en la extracción, manipulación, transporte y consumo, utilizando técnicas y máquinas eficientes. Para el consumidor final, deberán imponerse precios disuasorios que penalicen el derroche y la dilapidación. Con ello, sin afectar al nivel de vida, se logrará prolongar al máximo los recursos actualmente disponibles, encaminando la transición hacia nuevas energías que eviten así situaciones traumáticas con elevaciones desmesuradas de los precios, reflejo, en la mayoría de las ocasiones, de una insuficiencia relativa de estos.

En definitiva se trata de considerar el principio ético de solidaridad intergeneracional considerado en el principio del desarrollo sostenible: "gestionar las necesidades del presente de forma que se tengan en consideración las necesidades de las futuras generaciones".