PRESENTACIÓN ENERGÍA 2025

Foro de la Industria Nuclear Española presenta el prontuario ENERGÍA 2025, publicación que cumple este año su 40 aniversario. Durante todo este tiempo hemos acudido puntualmente a nuestra cita anual, para ofrecer datos e informaciones actualizados del contexto energético nacional y mundial. Y como es habitual, puede consultarse y descargarse también en nuestra página web foronuclear.org.

Durante el año 2024 prosiguió la guerra por la invasión rusa de Ucrania y el conflicto de Israel con los países vecinos. En este contexto se mantuvieron altas las tasas de inflación, si bien algo menores que en el año precedente (5,8% a nivel global), lo que ha permitido rebajar las tasas de interés y el coste del dinero. El precio del petróleo se ha mantenido todo el año por debajo de 90 dólares, y en los últimos meses ha estado cercano a los 75.

En España el PIB creció en 2024 un 3,2%, cifra algo superior a la del ejercicio precedente (2,5%).  El consumo de energía primaria creció un 2,5% según nuestras estimaciones, y el de electricidad un 0,9% en barras de central. Analizando otros productos energéticos, el consumo de gasolinas creció un 7,5%, el de gasóleos un 1,0% y el de gas natural descendió un 4,2%.

Por lo que respecta a la generación eléctrica, la producción neta en España en 2024 fue de 262,3 TWh, un 0,5% inferior a la del año anterior. Por tecnologías, eólica y nuclear fueron las que más aportaron, con el 23% y el 20% respectivamente. Les siguieron la fotovoltaica (17%), ciclos combinados (14%) e hidráulica (13%). Comparativamente con el anterior ejercicio, las que más crecieron fueron la hidráulica (36%) y la fotovoltaica (19%). La primera, por su gran variabilidad dependiente de la meteorología (señalar que hace dos años generó la mitad que este año) y la segunda fruto del incremento de su potencia instalada. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030 prevé que en ese último año se alcance el 81% de energía renovable en el mix de generación eléctrico, casi 25 puntos porcentuales por encima del 56,8% del actual ejercicio.

Las tecnologías libres de CO2 supusieron el 76,8% del total de la generación eléctrica. Esto resultó en la cifra histórica más baja de emisiones contaminantes por la generación de electricidad: 27,0 millones de toneladas de CO2 equivalente en 2024. Esta cifra era de 100 millones hace poco más de 15 años. El ratio tonelada de CO2/MWh también se redujo al mínimo histórico: 0,10. Hay que destacar en este sentido que, en España, un 26% de la producción eléctrica libre de emisiones correspondió a la energía nuclear.

La potencia neta instalada en España en 2024 se incrementó en un 5,4% hasta los 128.987 MW, debido a las nuevas instalaciones fotovoltaicas (+6.801 MW). En cuanto a la potencia máxima demandada en el sistema peninsular, se alcanzaron los 38.272 MW en la tarde del 9 de enero, un 16% por debajo de la máxima histórica alcanzada en 2007.

Por lo que respecta al funcionamiento medio de las distintas tecnologías en horas equivalentes a plena potencia, durante 2024 (año bisiesto) destacó una vez más el parque nuclear con 7.361 horas, seguido por los residuos renovables con 4.735 horas. La eólica funcionó 1.898 horas y la solar fotovoltaica 1.376.

Los precios de la energía eléctrica en España experimentaron ciertas reducciones en el año 2024. Los precios finales medios anuales del mercado mayorista pasaron de los 100,0 euros/MWh en 2023 a los 76,3 euros/MWh en 2024. Sin embargo, para la tarifa regulada, PVPC, los precios se mantuvieron, si bien en los últimos meses se apreció una tendencia a subir.

La dependencia energética exterior sigue siendo históricamente un aspecto negativo de nuestra realidad económica. El saldo de la balanza energética supuso para España un déficit de 35.929 millones de euros en 2024, equivalente al 2,3% de nuestro PIB. En términos relativos dependimos en un 68,4% de otros países, según datos de Eurostat. La media para la UE27 era del 58,3% y, en nuestro entorno, sólo Irlanda, Países Bajos, Bélgica e Italia presentaban una dependencia superior a la de España. Y junto a la dependencia energética, hay otro aspecto que merece señalarse por estar también incluido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas: la pobreza energética, medida en población incapaz de mantener su hogar adecuadamente caliente. Según datos de Eurostat, en España esa población ha ido creciendo en la última década de forma constante, en términos absolutos, y relativos en comparación con la Unión Europea. En 2010 el porcentaje que representaba esa población estaba por debajo de la media de la UE27: 9,5 y 7,5% respectivamente. En 2020 se habían invertido los términos: 7,5 y 10,9 respetivamente. Y en 2023 España ha pasado a ser el país de la UE27 con más población en esa situación, junto a Portugal, 20,8%, muy por encima de la media de la UE27, 10,6%.

Centrándonos en la energía nuclear, los siete reactores en operación en nuestro país han vuelto a garantizar el suministro e independencia energética, ya que producen electricidad en base, de manera constante y fiable. Estos aspectos resultan fundamentales en el actual contexto geopolítico en el que Europa busca conseguir soberanía energética.

Las centrales nucleares españolas resultan esenciales al proporcionar firmeza y estabilidad al sistema eléctrico. Han operado con los más altos estándares de calidad y seguridad y son objeto de inversiones millonarias para mantenerlas en perfecto estado y preparadas para operar a largo plazo. Sus indicadores de funcionamiento en 2024 fueron un factor de carga del 83,9%, un factor de operación del 87,9%, un factor de disponibilidad del 88,5% y un factor de indisponibilidad no programada del 3,5%, lo que refleja la fiabilidad y estabilidad de su operación.

A nivel internacional al final de 2024, había en el mundo 419 reactores en operación en 35 países, y otros 63 reactores se encontraban en construcción en 16 países, algunos con la participación de la industria nuclear española. La producción de electricidad de origen nuclear en los últimos ejercicios representa cerca del 10% de la electricidad total consumida en el mundo y casi la tercera parte de la generada sin emisiones contaminantes.

La operación a largo plazo es una práctica cada vez más habitual en la mayor parte de los países ante los desafíos energéticos y ambientales que enfrentamos. La experiencia internacional demuestra que es técnicamente viable, manteniendo los niveles de seguridad y fiabilidad exigidos por las legislaciones nacionales e internacional. Así, a 31 de diciembre de 2024, en el mundo había 139 reactores nucleares a los que los distintos organismos reguladores de 16 países les han concedido autorización para operar más allá de 60 años, 89 de ellos en Estados Unidos, de los que 12 -algunos de ellos unidades de referencia de las centrales españolas- poseen autorización para operar hasta 80 años.

En las últimas cumbres climáticas de Naciones Unidas se incluyó a la energía nuclear como vía para frenar las emisiones y limitar el incremento de la temperatura global a final de siglo en 1,5ºC, respecto a los niveles preindustriales, según lo establecido en el Acuerdo de París en diciembre de 2015, pues para ello resulta imprescindible reducir el uso de los combustibles fósiles y acelerar el de tecnologías con bajas emisiones. A los 25 países firmantes de la declaración de la COP28 del año 2023 para avanzar en el objetivo global de triplicar la capacidad nuclear global en el horizonte del año 2050, se unieron seis países durante la celebración de la COP29 en noviembre de 2024.

Sin embargo, España se queda sola y es el único país con reactores en operación que ha planificado cerrarlos a partir de 2027 con el objetivo final de que en 2035 no haya producción nuclear. No parece lógico aferrarse a mantener un plan de cierre establecido en 2019, ya que la situación energética, ambiental y geoestratégica actual difiere radicalmente de la de aquel momento. Lo más razonable sería modificar ese calendario de cierre ante el papel clave de las centrales nucleares al asegurar el suministro, no emitir CO2 y contener los precios de la electricidad. De hecho, recientes estudios cuantifican que, sin la nuclear, la electricidad de nuestro país sería un 23% más cara para ciudadanos y pymes y un 35% mayor para consumidores industriales. Y además de todo lo anterior, cabe recordar que las grandes turbinas y generadores de las centrales nucleares aportan potencia rodante e inercia al sistema al ser máquinas síncronas de gran peso, lo que ayuda a estabilizar la tensión y la frecuencia de la red.

Ahora bien, para asegurar su continuidad es necesario una revisión de la asfixiante carga tributaria que soportan, que se ha visto incrementada en más de un 70% en los últimos cinco años entre impuestos, en ocasiones redundantes, ecotasas autonómicas y la Tasa Enresa, que de forma unilateral el Gobierno ha incrementado en un 30% desde julio de 2024. Esta excesiva carga impositiva, muy por encima de la de la media europea, provoca que las centrales nucleares españolas sean artificialmente inviables, a pesar del interés de sus titulares por seguir operándolas y de que se encuentran en perfectas condiciones técnicas y de seguridad.

La energía nuclear, con medio siglo de operación en España, es la única tecnología que lleva trece años consecutivos produciendo la quinta parte de la electricidad. En 2024 evitó la emisión de unos 20 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, por lo que resulta esencial en la lucha contra el cambio climático.

No queremos despedirnos sin agradecer a nuestros lectores su interés a lo largo de los 40 años de vida de este prontuario. Nuestro deseo es seguir recibiendo sugerencias que permitan mejorar futuras ediciones y, en definitiva, el servicio que pretendemos facilitar con ENERGÍA 2025, así como a través de todas las publicaciones y actividades que realizamos.

 

                                                                               Madrid, junio de 2025