9.0 COP
29. Bakú (Azerbaiyán).
La
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre
el Cambio Climático de 2024, ha tenido
lugar del 11 de noviembre al 22 de noviembre de 2024 en Bakú (Azerbaiyán). En la misma,
han participado alrededor de 72.000 personas procedentes de casi 200 países, bajo el mandato
de la ONU de revisar la implementación de la Convención y negociar nuevos
compromisos.
El secretario general de la ONU, António Guterres,
detalló en su discurso inicial
que 2024 ha sido una
"clase magistral en destrucción climática". Así, los devastadores huracanes Beryl, Helene y Milton en Estados Unidos, los incendios de Canadá
y Australia,
la brutal sequía en Brasil que ha secado algunos de los
afluentes más importantes del Amazonas, la DANA
que ha dejado más de 200 muertos en España, las graves inundaciones en el
estado de Río Grande del Sur, en Brasil, que
afectó 1,7 millones de personas
y las extrañas inundaciones en el
desierto del Sahara
son algunos ejemplos de esa destrucción..
Según
la Organización de Meteorología Mundial
(WMO, por sus siglas en
inglés), se espera que 2024 sea el año más caluroso registrado, ya que el
calentamiento temporalmente alcanza 1,5°C. El cambio climático afecta a todas
las regiones del mundo y la ciencia prevé que la crisis climática provocará que
los eventos meteorológicos extremos
sean cada vez más intensos y frecuentes.
Entre
los resultados de la convención cabe señalar la ampliación de la Financiación. En la COP 29 se tomó la decisión
para ampliar el objetivo de movilización conjunta de US$ 100 mil millones
anuales a US$ 300 mil millones anuales para 2035. Este incremento está dirigido
a apoyar a los países
en desarrollo en sus esfuerzos de acción climática.
Dado que los países en desarrollo estiman que la cifra aún se encuentra muy por debajo de las necesidades reales, se hizo un llamamiento a todas las Partes para colaborar en el aumento de la financiación destinada a la acción climática en los países en desarrollo. Se propone que esta financiación, proveniente de fuentes tanto públicas como privadas, alcance al menos los USD 1,3 billones anuales para 2035.
La
citada cifra de USD 1,3 billones por año es la cantidad que debería ser
invertida en las transiciones energéticas de los países de bajos ingresos,
además de lo que esos países ya gastan, para mantener el aumento de la
temperatura media del planeta por debajo de 1,5ºC. Más allá de ese límite,
dicen los científicos, el calentamiento
global se volverá más peligroso y difícil de revertir.
Por
lo que respecta a los créditos de carbono, estos son un instrumento
internacional que permite a empresas y países compensar las emisiones de dióxido
de carbono (CO2) más difíciles de eliminar. Esto es
posible mediante la inversión en proyectos que mitiguen los gases de efecto
invernadero, como la captura de CO2 o la reforestación. La decisión adoptada
permite que el mecanismo de mercados de carbono administrado por la
Organización de las Naciones Unidas empiece a detallar los tipos de proyectos y
actividades que podrán generar créditos de carbono y el intercambio a otras
naciones que buscan cumplir con sus Contribuciones Determinadas a Nivel
Nacional.
Para que sea posible avanzar hacia una transición energética global más ambiciosa y sostenible, la COP29 marcó el lanzamiento de tres compromisos energéticos:
1) Compromiso Global de
Almacenamiento de Energía y Redes, que tiene como objetivo desplegar 1.500 GW de
almacenamiento de energía a nivel mundial para 2030, lo que representa un
aumento de más de seis veces la capacidad actual, y una expansión significativa
de la red para 2030, fundamental para triplicar las energías renovables y
descarbonizar el sector energético. Este compromiso se basa en el trabajo de la
Agencia Internacional de Energía.
2) Compromiso de zonas y corredores
de energía verde,
que es un intento bienvenido de establecer cooperación regional e internacional
en el despliegue de energía renovable y la infraestructura de transición
energética regional. La idea es desarrollar redes interconectadas, tanto
intrarregionales como interregionales, para optimizar la distribución de
electricidad a largas distancias, de forma segura y rentable.
3) Declaración del Hidrógeno, que tiene como objetivo
catalizar un mercado mundial de hidrógeno limpio. El objetivo es aumentar
significativamente la producción de hidrógeno renovable y reducir la
dependencia de los combustibles fósiles para su fabricación.
La COP 29 manifiestó alarma y seria preocupación por la conclusión del Sexto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, que establece que las actividades humanas han causado inequívocamente un calentamiento global de aproximadamente 1,1 °C, y destaca los hallazgos que indican que tanto el financiamiento para la adaptación como para la mitigación deben aumentar considerablemente, y que existe suficiente capital global para cerrar la brecha de inversión global. Reafirmó el objetivo del Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura media global muy por debajo de 2°C respecto a los niveles preindustriales y de esforzarse por limitar dicho aumento a 1,5 °C, reconociendo que esto reduciría significativamente los riesgos e impactos del cambio climático. También reafirmó la importancia de conservar, proteger y restaurar la naturaleza y los ecosistemas para alcanzar el objetivo de temperatura del Acuerdo de París, incluyendo esfuerzos mejorados para detener y revertir la deforestación y la degradación forestal para 2030;
La COP 29 resaltó la necesidad de mejorar el apoyo y la inversión, incluyendo recursos financieros, transferencia de tecnología y desarrollo de capacidades, para los esfuerzos destinados a detener y revertir la deforestación y la degradación forestal para 2030 en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza.
Por lo que
respecta a los combustibles fósiles, el acuerdo histórico de la COP28,
que estableció el “principio del fin” de los combustibles fósiles, no tuvo
continuidad en Bakú. De hecho, según un
análisis de expertos, más de
1.700 lobbistas de combustibles fósiles participaron
en las negociaciones, una cifra récord que refleja la influencia de esta
industria. De ahí que, en otro de los textos aprobados en la cumbre, se
reafirma “la necesidad de reducciones profundas, rápidas y sostenidas de las
emisiones de gases de efecto invernadero en consonancia con las trayectorias de
1,5 °C”, pero optaron por no incluir una mención explícita al fin de los
combustibles fósiles. En su lugar, se destaca que “los combustibles de
transición pueden desempeñar un papel para facilitar la transición energética y
garantizar la seguridad energética”, una alusión directa al gas natural fósil,
cuya promoción preocupa por ralentizar el cambio hacia energías renovable.
En cuanto a la Energía Nuclear, diferentes países y compañías presentaron planes para desplegar la energía nuclear continuando lo iniciado durante la COP28, como consecuencia de la percepción de la necesidad de utilizarla en apoyo de los esfuerzos para avanzar hacia la neutralidad climática. Además de la ampliación de las licencias de operación de las unidades actualmente en servicio, el Organismo Internacional de Energía Atómica puso énfasis en la necesidad de acelerar los planes de implementación de los reactores modulares pequeños SMR, pasándose revista a los planes concretos de países y fabricantes para impulsar la penetración de estos reactores como alternativa flexible y competitiva.
A los 25 países firmantes de la declaración de la COP28 para avanzar en el objetivo global de triplicar la capacidad nuclear global en el horizonte del año 2050, reconociendo las diferentes circunstancias internas de cada participante, se unieron seis países durante la celebración de la COP29. Estos estados también se comprometieron a adoptar medidas nacionales para garantizar que las centrales nucleares funcionen de manera responsable y de conformidad con los más altos estándares de seguridad, sostenibilidad, protección y no proliferación y que el combustible gastado se gestione de manera responsable a largo plazo. En paralelo, y durante la Semana del Clima celebrada en Nueva York en septiembre de 2024, catorce grandes instituciones financieras mundiales —entre las que se encontraban Bank of America, Goldman Sachs, Morgan Stanley, BNP y Citigroup— mostraron su apoyo a esta declaración.
Aunque el acuerdo representa un avance significativo, algunos países en
desarrollo y organizaciones ecologistas lo consideran insuficiente. Expertos de
la ONU estiman que se requieren al menos 600.000 millones de dólares anuales
para satisfacer las necesidades reales de estos países. Además, se
plantearon debates sobre la ampliación de la base de contribuyentes, con
propuestas para que economías emergentes, como China y países del Consejo de
Cooperación del Golfo, realicen aportaciones voluntarias. Sin embargo, estas
naciones mantienen su estatus de países en desarrollo y no están obligadas a
contribuir.
El acuerdo acentúa la necesidad de colaboración entre actores públicos y
privados para alcanzar las metas financieras establecidas. Se espera que las
instituciones financieras internacionales y el sector privado incrementen sus
inversiones en proyectos sostenibles y de adaptación climática en los países en desarrollo. La
COP29 también destacó la importancia de hacer más operativo el Fondo de
Pérdidas y Daños, para apoyar a las comunidades más vulnerables afectadas por
el cambio climático. Se prevé que este fondo comience a financiar proyectos a
partir de 2025.
En resumen, esta convención marcó un avance en la financiación climática, aunque
persisten desafíos para garantizar que los compromisos asumidos, se traduzcan
en acciones efectivas que aborden las necesidades urgentes de los países en
desarrollo frente al cambio climático.