9.0     COP 30. BELEM (Brasil)

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que 2024 fue el año más cálido jamás registrado. En promedio, la temperatura global en 2024 fue aproximadamente 1,47°C superior al nivel preindustrial (1850-1900). Teniendo en cuenta la premisa de la senda actual de emisiones, esto significa que se podría alcanzar un incremento de la temperatura global superior a 2,5ºC respecto a los niveles preindustriales.

En este contexto, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebró su 30ª Conferencia de las Partes (COP30), del 10 al 21 de noviembre en Belém, Brasil, en pleno corazón de la Amazonía. Esta edición, marcada por el décimo aniversario del Acuerdo de París, tenía un carácter simbólico y estratégico. Se esperaba que fuera la “COP de la implementación”, destinada a cerrar la brecha entre compromisos y acciones. La cita reunió a unas 50.000 personas, incluidas delegaciones de más de 190 países, líderes políticos, científicos, organismos internacionales y representantes de la sociedad civil. Entre las expectativas más destacadas figuraba la definición de una hoja de ruta para la eliminación gradual de los combustibles fósiles, considerada esencial para acelerar la transición energética y cumplir los objetivos climáticos.

Los anuncios más relevantes de la COP30 se centraron en financiación climática, adaptación, mitigación, cooperación internacional y transparencia, con nuevas iniciativas para cerrar la brecha hacia el objetivo de 1,5°C. Sin embargo, los resultados, quedaron por debajo de las aspiraciones más ambiciosas. No se alcanzó un acuerdo vinculante sobre combustibles fósiles, las decisiones adoptadas se limitaron a compromisos voluntarios y hojas de ruta fuera del marco oficial de la ONU, lo que evidencia la falta de consenso global para acelerar la transición energética. A pesar de ello, se lograron algunos avances estratégicos que conviene destacar:

           Hoja de Ruta Bakú-Belém, que establece la meta de asegurar US$ 1,3 billones anuales en financiación climática para 2035, incluyendo el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG, por sus siglas en inglés) de US$ 300.000 millones anuales para países en desarrollo.

           Avances en el Marco Global de Adaptación (GGA), con compromisos para triplicar la financiación para adaptación antes de 2035 y reforzar la resiliencia en países vulnerables.

           Progresos en la implementación del Artículo 6 del Acuerdo de París, que regula los mecanismos de cooperación voluntaria y mercados de carbono, orientados a aumentar la integridad y la transparencia en la acción climática.

           Lanzamiento de la “Misión Belém hacia 1,5 °C” y del Acelerador Global de Implementación, iniciativas destinadas a impulsar la ejecución de las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) y los planes de adaptación mediante cooperación internacional y movilización de recursos.

Tras la COP30, el desafío sigue siendo convertir los compromisos en acciones efectivas, cerrar la brecha hacia el objetivo de 1,5 °C y asegurar la implementación de las metas financieras, de adaptación y cooperación internacional.

El secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, Simon Stiell, detalló en su discurso inicial que "el Acuerdo de París está logrando un progreso real, pero debemos esforzarnos valientemente para conseguir más.” Los acontecimientos recientes confirman la magnitud del desafío: los incendios forestales en California, los más costosos jamás registrados, han provocado pérdidas superiores a 53.000 millones de dólares y desplazado a miles de personas; las inundaciones en Nigeria y Sudáfrica han dejado centenares de víctimas y destruido infraestructuras esenciales; la sequía prolongada en la Amazonía ha reducido drásticamente el caudal de sus principales afluentes, afectando la seguridad hídrica y alimentaria en Brasil; las olas de calor extremas en India, España y Estados Unidos han superado los 50ºC, poniendo en riesgo la salud de millones y disparando incendios de sexta generación; el colapso acelerado de glaciares en Groenlandia y la Antártida continúa elevando el nivel del mar, amenazando ciudades costeras; y el primer semestre del año ha marcado un récord histórico de pérdidas económicas por desastres naturales, con más de 131.000 millones de dólares en daños globales. Estos hechos reflejan la urgencia de reforzar la acción climática global y cumplir los compromisos asumidos en el Acuerdo de París.

Objetivos.

Teniendo en cuenta la premisa de que la senda actual de emisiones podría llevar a un incremento de la temperatura global superior a 2,5ºC respecto a los niveles preindustriales, la COP30 se ha articulado en torno a tres pilares estratégicos y complementarios.

El primer pilar, –facilitar la acción–, pone el foco en la financiación climática como herramienta esencial para convertir los compromisos en resultados tangibles. Incluye la movilización de recursos para mitigación, adaptación y la atención a pérdidas y daños, con especial énfasis en los países más vulnerables y en la protección de ecosistemas críticos como la Amazonía.

El segundo pilar, - impulsar la transición energética justa y acelerada – busca metas para aumentar las energías renovables, mejorar la eficiencia energética y fomentar tecnologías bajas o cero emisiones, así como iniciar un diálogo para una eventual eliminación gradual de los combustibles fósiles.

El tercer pilar, - avanzar en la adaptación climática – busca mediante el desarrollo de indicadores para medir la resiliencia y el progreso, la creación de mecanismos para que los países puedan implementar acciones efectivas que aumenten su capacidad de adaptación.

En suma, la COP30 constituye una plataforma clave para reafirmar el compromiso global frente al cambio climático, poniendo especial énfasis en la acción urgente, el financiamiento adecuado y la cooperación multisectorial.

Durante la COP30, la financiación para apoyar a los países en desarrollo frente al cambio climático no fue el tema principal, pero tuvo un papel central en las negociaciones y resultados del evento. Un impulso conjunto de India, países árabes y otros estados en desarrollo logró incorporar una hoja de ruta sobre financiación climática en el paquete principal conocido como “mutirão” de Belém, que incluye un objetivo ambicioso para triplicar la financiación en adaptación climática.

La principal referencia en la COP30 fue el nuevo objetivo colectivo cuantificado (NCQG), acordado en 2023, con metas de financiamiento climática pública y privada de US$ 300 mil millones al año en 2035, y un objetivo más amplio de US$1,3 billones para 2035.     

Transición energética y combustibles fósiles Esta transición busca desplazar la dependencia de los combustibles fósiles hacia fuentes de energía renovables. Para que sea posible avanzar hacia una transición energética global más ambiciosa y sostenible, la COP30 marcó el lanzamiento de cuatro compromisos energéticos:

           Triplicar las energías renovables y duplicar la eficiencia energética: Impulsar la generación limpia y optimizar el uso de energía para reducir emisiones y costes.

           Acelerar tecnologías de cero y bajas emisiones en sectores difíciles de descarbonizar: Promover innovación y adopción de soluciones como hidrógeno verde y captura de carbono en industrias clave.

           Garantizar el acceso universal a la energía: Asegurar que todas las comunidades dispongan de energía asequible, fiable y sostenible.

           Transitar desde los combustibles fósiles de manera justa y equitativa: Planificar la transición protegiendo empleos y apoyando regiones dependientes del carbón, petróleo y gas.

En este contexto, la COP30 evidenció una fuerte división sobre la inclusión de una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles. Un grupo de 29 países, entre ellos Colombia, Alemania, México y Reino Unido, envió una carta exigiendo que el texto final incluyera esta referencia. Además, 24 países, incluyendo España, Australia, Chile y Países Bajos, firmaron la Declaración de Belém, comprometiéndose a trabajar colectivamente hacia una transición justa, ordenada y equitativa. Pese al respaldo recibido, el documento final no mencionó la mencionada hoja de ruta para combustibles fósiles.

Energía Nuclear. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) indicó que Ruanda y Senegal se han unido a las 31 naciones que respaldaban la declaración lanzada en la COP28 para triplicar la energía nuclear en el horizonte del año 2050. Por tanto los 33 países que ya han apoyado esta declaración son Armenia, Bulgaria, Canadá, Croacia, República Checa, El Salvador, Finlandia, Francia, Ghana, Hungría, Jamaica, Japón, Kazajistán, Kenia, Kosovo, Moldavia, Mongolia, Marruecos, Países Bajos, Nigeria, Polonia, Rumanía, Ruanda, Senegal, Corea del Sur, Eslovaquia, Eslovenia, Suecia, Turquía, Ucrania, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y Estados Unidos. El organismo señaló que el apoyo internacional a la energía nuclear como componente clave para alcanzar cero emisiones netas sigue aumentando, incluida África, que ya representa cerca del 20% de los países que han suscrito el compromiso.

 

Según el Banco Mundial, alrededor de 600 millones de personas en el África subsahariana carecen de acceso a la electricidad, lo que equivale a casi el 83% de la población mundial sin electrificar. Esta situación subraya la necesidad de desarrollar nuevas fuentes de energía limpia, incluida la nuclear. Adicionalmente, más de 140 empresas del sector nuclear, 16 instituciones financieras destacadas a nivel mundial y un número creciente de empresas intensivas en consumo de energía apoyan este objetivo.

 

Adaptación Climática. Una de las prioridades centrales de la COP30 fue acordar un conjunto de indicadores para el Objetivo Global de Adaptación (GGA), establecido en el Acuerdo de París de 2015 para impulsar la acción colectiva frente al cambio climático. El objetivo era contar con métricas que permitieran evaluar el progreso en resiliencia climática, incluyendo aspectos como acceso al agua, sistemas de alerta temprana y reducción de la mortalidad por olas de calor extremas. Es por ello que, se acordó un programa de dos años —la “visión Belém”— destinado a desarrollar directrices para su implementación. En paralelo, se alcanzó un acuerdo sobre los Planes Nacionales de Adaptación (NAP), que forman parte del marco del Acuerdo de París y del GGA. 

Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC’s). En octubre, la ONU publicó un informe de síntesis que, basado en los planes disponibles, proyecta una reducción del 10% en las emisiones globales para 2035 respecto a 2019. Aunque esto representa un avance, sigue estando muy lejos del recorte del 60% necesario para mantener el objetivo de 1,5°C.

El texto final de la COP insta a los países que aún no han presentado sus compromisos a hacerlo lo antes posible. India, el tercer mayor emisor mundial, anunció que presentará su nueva NDC en diciembre.

Deforestación`En la COP30 se anunciaron varias iniciativas clave para combatir la deforestación, entre ellas la creación del Tropical Forest Forever Facility (TFFF) y el desarrollo futuro de una hoja de ruta destinada a poner fin a este problema. El TFFF fue lanzado oficialmente durante la cumbre de líderes, antes del inicio de las negociaciones formales. Este mecanismo tiene como objetivo pagar a los países por conservar sus bosques tropicales y se concibe como un vehículo de financiación combinada. Su meta es recaudar US$ 25.000 millones de países patrocinadores, principalmente naciones desarrolladas, y filantropías, además de atraer otros 100.000 millones del mercado global de bonos.

En síntesis, la COP30 de Belém fue importante porque logró mantener a la comunidad internacional unida y avanzar en financiación y mecanismos de apoyo, pero quedó corta en compromisos climáticos ambiciosos para limitar realmente el calentamiento global por debajo de 1,5 °C. No se lograron acuerdos ambiciosos en temas clave: el texto final no incluyó una hoja de ruta clara para eliminar los combustibles fósiles ni compromiso firme para acelerar rápidamente la reducción de emisiones, algo que muchos científicos y países más afectados consideraban esencial.

 Fuente: COP30 (PWC y Naturgy) y Foro Nuclear.