Luis Enrique Herranz
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Luis Enrique Herranz

Responsable de la Investigación en Seguridad Nuclear del CIEMAT

"Percibo en los estudiantes entusiasmo por una tecnología tan asombrosa como la nuclear"

Tras más tres décadas dedicadas a la investigación, divulgación y docencia sobre seguridad nuclear, Luis Enrique Herranz nos recibe en las instalaciones de su centro de trabajo, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT). Este investigador, siempre activo, ha escrito más de cien artículos científicos sobre seguridad nuclear, ha presentado cientos de ponencias en conferencias nacionales e internacionales y preside y coordina grupos de trabajo en organismos e instituciones internacionales. A su actividad investigadora se añade la docente, en la que imparte clases y conferencias en diferentes cursos de grado y posgrado nacionales e internacionales, habiendo sido co-director del Máster en Ingeniería y Nuclear y Aplicaciones durante casi diez años.

¿Cuáles son los avances más destacados en seguridad nuclear en los últimos años?

Sería pretencioso por mi parte tratar de cubrir los avances en seguridad nuclear en términos generales, ya que éstos existen no sólo en la producción nucleo-eléctrica, sino también en otras aplicaciones. Me centraré, por tanto, en el aspecto más afín a mi labor investigadora: la seguridad en centrales nucleares e instalaciones asociadas al almacenamiento en seco del combustible.

Al hablar de avances recientes en la seguridad de centrales es imposible no aludir al accidente de Fukushima-Daiichi. Dado que se han cumplido recientemente diez años desde aquel suceso, tomémoslo como referencia temporal.

“La seguridad de las centrales nucleares se ha optimizado aún más allá de los excelentes niveles que exhibía antes de Fukushima”

Como consecuencia de la exhaustiva revisión realizada de la seguridad de las centrales nucleares, particularmente en lo que a sucesos naturales externos se refiere, se puede afirmar que a día de hoy la seguridad de las centrales se ha optimizado aún más allá de los excelentes niveles que exhibía antes de Fukushima. Muchas han sido las mejoras introducidas: la reevaluación de los efectos potenciales de seísmos e inundaciones en cada emplazamiento; la adición de medios para reforzar el mantenimiento de funciones de seguridad en caso de grandes desastres naturales; la introducción de nuevos equipos y componentes que permitan una mejor gestión de sucesos con potencial daño al núcleo del reactor y, en caso necesario, de la mitigación de sus consecuencias y, finalmente, una revisión y refuerzo de los planes de emergencia establecidos.

Por citar algunos aspectos concretos, próximos a mi área de trabajo, las estrategias de prevención y mitigación de accidentes severos se han potenciado mediante equipos móviles de alimentación eléctrica, instalación de recombinadores catalíticos de hidrógeno y monóxido de carbono en contención o sistemas de venteo filtrado de contención.

16 de los 33 países que tienen centrales nucleares están concediendo autorizaciones para operar sus reactores más allá de los 40 años. ¿Qué requisitos se tienen que cumplir?

Al final de la década anterior de este siglo ya existían, al menos, cinco reactores nucleares comerciales que habían alcanzado los 50 años desde el inicio de su operación. Existe enorme interés por operar las centrales nucleares a largo plazo. Por supuesto, la autorización de operación a largo plazo supone la realización de una revisión y documentación pertinente del estado de las estructuras, sistemas y componentes de la planta, desde el punto de vista de la seguridad. Si fuera oportuno, el mismo informe podría incluir propuestas de sustitución, reparación o mitigación del deterioro en materiales, componentes y sistemas.

“El 90% de la flota nuclear estadounidense ha renovado sus licencias de operación hasta los 60 años”

Luis Enrique Herranz (CIEMAT)
Luis Enrique Herranz, en la sede del CIEMAT durante la entrevista
Luis Enrique Herranz (CIEMAT)

En Estados Unidos han autorizado la operación a 80 años a seis unidades nucleares. ¿Cree que será una práctica habitual en otros países?

Estados Unidos ha sido referencia en tecnología nuclear a lo largo de la historia en múltiples aspectos. En estos momentos, el 90% de su flota nuclear ha renovado sus licencias de operación hasta los 60 años y otros países están siguiendo la misma senda. En el caso de la extensión hasta 80 años, es probable que Estados Unidos también lidere ya que, actualmente, algunas de sus centrales ya han obtenido licencia para operar hasta 80 años y más del 20% de su flota están planeando y/o solicitando esa licencia de operación.

Asumir que otros países van a seguir el ejemplo de Estados Unidos es aventurado, pero lo que ya es seguro es que han establecido un camino que otros podrían seguir.

Actualmente hay 51 reactores nucleares en construcción en el mundo. ¿Cuáles son los organismos y salvaguardias por los que tiene que pasar el proceso de autorización de puesta en marcha de un reactor y durante su operación?

La mayoría de los países en los que se están desarrollando proyectos nucleares, pertenecen a la “comunidad nuclear” a la que te referías anteriormente como China, Estados Unidos, Rusia, Francia, India, Corea del Sur, Finlandia… donde tienen una legislación y un sistema de salvaguardias previos que están actualmente vigentes. Muchos otros, no obstante, la están considerando como una opción posible. Entre ellos se encuentran Polonia, Lituania, Irlanda, Egipto, Marruecos y hasta unos 30 en total. Junto a ellos, hay un pequeño grupo entre los que se encuentran Pakistán, Turquía o Bangladesh que se hallan inmersos en planes concretos de construcción. Sin lugar a duda, en estos casos el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) juega un papel fundamental en la vertebración de autoridades reguladoras nacionales, con quienes colabora ampliamente a través de los estándares de seguridad de la Agencia y mediante el establecimiento de programas de formación y entrenamiento en seguridad nuclear y cultura de seguridad.

“La industria nuclear ha mostrado una asombrosa capacidad de aprendizaje”

Tras los accidentes de Chernóbil y Fukushima, ¿qué avances se han logrado en seguridad y qué errores no se podrán repetir?

La industria nuclear ha mostrado una asombrosa capacidad de aprendizaje a través de los escasos accidentes ocurridos en centrales nucleares (TMI-2, Chernóbil y Fukushima-Daiichi). Buena ilustración de lo que acabo de decir es el documento “Knowledge Managment Digest”, que glosa las lecciones aprendidas de la investigación llevada a cabo durante más de 25 años del accidente de la unidad 2 de la central de Three Mile Island.

Chernóbil, por su parte, lanzó a la comunidad nuclear muchos mensajes, gran parte de los cuales se han glosado en los documentos que tanto la Agencia Nuclear de Energía Atómica (NEA) de la OECD como el OIEA han emitido al respecto. No sería posible aquí enumerar los avances logrados a partir de aquel suceso. Pero más allá de las modificaciones de diseño que se implementaron en los reactores RBMK que aún permanecían en operación, o de la colaboración internacional en la construcción del sarcófago de la unidad 4 de la central de Chernóbil, el accidente de la central ucraniana supuso un reconocimiento explícito a la optimización de la seguridad mediante la colaboración abierta entre operadores de centrales. La creación de WANO (World Association of Nuclear Operators) es, en mi opinión, la mejor secuela del accidente de Chernóbil. Finalmente, llegados a Fukushima, hay muchos aspectos concretos que se han optimizado a partir del accidente. Desde la estructura del sistema de regulación y su necesidad de independencia, hasta la optimización de componentes, sistemas y metodologías relacionados con la seguridad de las centrales. Aunque Fukushima-Daiichi es aún un escenario en exploración, ya está suponiendo un enorme avance en términos de instrumentación de apoyo a la gestión de accidentes, robótica para el desmantelamiento de centrales y comprensión de accidentes severos en reactores de agua en ebullición.

¿Cómo cree que se puede mejorar la confianza y el conocimiento respecto a la energía nuclear?

En un intento de no ser reiterativo con asuntos como la educación de nuestros niños y jóvenes, e incluso la de sus profesores, o la intervención en medios de comunicación, redes incluidas, permíteme destacar tres ideas:

La primera tiene carácter general y no necesariamente, aunque también, está vinculada a la energía nuclear: ayudemos a la sociedad a comprender que vivimos en un mundo en el que el riesgo nulo es imposible. Una vez que seamos conscientes de ese hecho, podremos iniciar la educación en la aceptación y ponderación del riesgo. Pero establecer la máxima de la “inexistencia de la seguridad absoluta” es difícil en una población que no es sensible a que a diario asume riesgos, por muchos motivos: porque pertenecen a la categoría de “riesgo trivial” o, simplemente, porque las ventajas que aporta la asunción de ese riesgo compensa a los inconvenientes.

“Hay que alimentar a la sociedad con datos objetivos, concretos, accesibles y contrastables”

La segunda consiste en alimentar a la sociedad con datos objetivos, concretos, accesibles y contrastables. En ocasiones hemos tratado, yo el primero, de hablar desde el “púlpito nuclear” con nuestra concepción sólida, basada en “nuestra digestión” técnica e instruida de una “tecnología compleja”. Dejemos que el público “ande ese camino”, démosle modos de hacerlo eso sí, pero que sea él quien desarrolle su opinión, favorable o no, y no les pidamos que “adopten” la nuestra.

Finalmente, la tercera se refiere a la comunicación en sí. En tecnologías controvertidas como la energía nuclear, no es verdad que “una mala comunicación es mejor que no comunicar”. Los hechos o datos a comunicar han de cuidarse. No debemos dejar que la celeridad con la que hoy se demanda la información comprometa la información en sí, ni debemos abrazar el rigor y la precisión académica como baluartes irrenunciables. A veces, órdenes de magnitud dan mensajes más comprensibles que cifras exactas de difícil asimilación. Por otra parte, en ocasiones mensajes correctos emitidos inapropiadamente pueden perjudicar más que beneficiar.

En una entrevista pidió despolitizar la energía nuclear y eliminar sesgos ideológicos. También afirmó que la estructura energética de un país debe ser una cuestión tecnológica. ¡Cuéntenos!

Me encantaría abundar en este tema. Sin embargo, hace tiempo que tengo la sensación de que el interés de quienes toman decisiones en nombre de un país es penetrar tanto cuanto sea posible en todos los aspectos que acompañan nuestras vidas. Así que me vas a permitir no abundar en este aspecto tan particular del que sigo firmemente convencido. Al contrario, permíteme generalizar diciendo que, si tuviéramos el hábito de sentar en torno a mesas de decisión a individuos que dominaran la materia sobre la que van a debatir con apertura de miras y los ojos puestos en el bienestar social a corto, medio y largo plazo, la sociedad respetaría el resultado y apreciaría el esfuerzo por alcanzar posiciones comunes, incluso si no son las propias. Si nos moviéramos a una esfera superior ya difícil de imaginar, y contempláramos la posibilidad de que los gobernantes fueran capaces de asumir ese mismo resultado e implementarlo de un modo eficiente, estaríamos tristemente elucubrando en el plano de la ficción.

Luis Enrique Herranz investigador CIEMAT

Imparte cursos, conferencias y másteres en relación con la seguridad nuclear. ¿Qué inquietudes e intereses encuentra en quienes proyectan su carrera hacia el entorno nuclear?

En primer lugar, he de admitir que hay un gran cambio entre la generación actual de jóvenes estudiantes y aquélla a la que yo pertenezco. En el lado más positivo percibo entusiasmo y aprecio por los aspectos técnicos de una tecnología tan asombrosa como la nuclear. En el menos positivo advierto una peligrosa tendencia a “hacer” antes que “conocer”, por “calcular” sin alcanzar una comprensión íntima del objeto de estudio. Muy posiblemente, este segundo aspecto esté asociado a la facilidad que las nuevas tecnologías están poniendo a nuestro alcance, permitiendo ejecutar cien cálculos en menos tiempo que el necesario para asimilar el significado de los términos que intervienen en las ecuaciones que el algoritmo en cuestión resuelve. Quizás, todo esté ocurriendo excesivamente rápido y debamos re-encontrar un nuevo equilibrio entre conocimiento y habilidad de realización.

¿Qué consejos ofrece a sus estudiantes?

El primero es que construyan sus juicios, siempre, a partir del conocimiento, sin dejar que la emoción ni el adoctrinamiento externo les afecte al hacerlo. El segundo es que disfruten del increíble viaje que es aprender y que sientan el hambre de continuar aprendiendo, sin temor a mirar hacia atrás y darse cuenta de que algo no era como ayer creían.

“Construir juicios desde el conocimiento y aprender con pasión son algunos de los consejos que traslado a mis estudiantes”

En cuanto a energía nuclear, al contarla y disfrutar tanto de ello, espero que esa pasión se transmita como un consejo jamás contado. Si hubiera de articularlo sonaría algo así como: Aprended con pasión, haced con lo aprendido, y mantened siempre la ilusión intacta.

Cambiando de tema. En estos tiempos de pandemia, ¿cómo ha cambiado la manera de trabajar del CIEMAT?

Los cambios, para todos, no sólo en CIEMAT han sido radicales. En lo que a mí concierne, desde la ruptura del confinamiento duro, CIEMAT ha ofrecido en todo momento un entorno laboral seguro, estableciendo medidas y protocolos adaptados a partir de las normas dictadas desde las autoridades sanitarias correspondientes.

En mi caso particular, la pandemia ha supuesto una proliferación desmesurada de reuniones. En todos los entornos profesionales en los que participo se ha hecho lo posible y lo imposible por lograr la máxima eficiencia durante las conexiones remotas. Sin embargo, mi experiencia no es positiva. Siendo lo mejor de lo que disponemos en estas condiciones, en mi opinión, su eficiencia es cuestionable, sobre todo cuando en las reuniones hay un gran número de personas. No olvidemos que, más allá de la comunicación aséptica de resultados o la discusión de cualquier asunto, las reuniones eran antes de la pandemia uno de los mecanismos más eficaces en la configuración de redes profesionales (networking).

“Las reuniones eran antes de la pandemia uno de los mecanismos más eficaces en la configuración de redes profesionales”

Tal abundancia de reuniones, la facilidad del trabajo remoto y la necesidad de llevar a cabo trabajo real, ha conducido a jornadas profesionales casi interminables. En resumen, añoro la realidad tal cual la conocíamos antes de la COVID. Desafortunadamente, las pérdidas que algunos hemos sufrido en este período, impedirá no extrañar tiempos previos. Dicho lo cual, espero que cuando la recuperemos (al menos parte de ella), sepamos aprovechar los aspectos más positivos de este período tan difícil e integrarlos para lograr mejorar las condiciones laborales de todos.

¿Cuáles son los mayores logros de su Unidad de Investigación y los principales retos que ha encontrado como director?

Resulta difícil identificar un puñado de logros concretos que citar. Quizás sea más significativo fotografiar la trayectoria de una Unidad que comenzó a mediados de los años 80 del siglo pasado y que se ha ido adaptando en el tiempo para, en la actualidad, estar inmersa en un buen número de proyectos internacionales, a veces incluso liderándolos, y pertenecer a los grupos de trabajo de instituciones internacionales más íntimamente relacionados con las áreas que aborda: accidentes severos en reactores actuales y futuros, y comportamiento del combustible nuclear en reactor y en almacenamiento en seco.

Si tuviera que escoger un par de hitos técnicos destacables de la trayectoria de la Investigación en Seguridad Nuclear de CIEMAT, y centrándome en las dos décadas en las que yo la he estado dirigiendo, me atrevería a citar la interpretación del accidente de Fukushima, en estrecha colaboración con el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), y la capacitación propia para el estudio del comportamiento de combustible durante su almacenamiento en seco (patrocinada en su mayoría por ENRESA). En ambos casos, los retos planteados han supuesto la utilización de nuevas metodologías de desarrollo propio y ajeno, en algunas de las cuales tenemos una posición internacional destacada.

“Desde la Unidad de Investigación de Seguridad Nuclear seguimos trabajando para acercar nuestras capacidades a las instituciones y empresas”

No obstante, desde un punto de vista estratégico y más allá de la referida integración en los foros internacionales precisos, uno de los mayores desafíos y logros en estas dos décadas ha sido realizar investigación de utilidad para el organismo regulador nacional, para la empresa responsable de la gestión de residuos nucleares (ENRESA) y para algunos propietarios de centrales. Creo firmemente que, en el caso de la investigación en Seguridad Nuclear, cualquier inversión que un país como España realice debe tener como depositario final a aquéllos que son los principales protagonistas de la realidad nuclear en nuestro país. Por ello, seguimos trabajando para acercar nuestras capacidades a las instituciones y empresas mencionadas y a otras con las que, igualmente, podamos crear nexos de colaboración en el futuro.

“Rechazo la burocracia aplastante que, en ocasiones, asfixia al tejido investigador”

En cuanto a las dificultades que he encontrado como responsable de nuestra investigación, lejos de tener un carácter tecno-científico, debo señalar la pesada administración que lastra en múltiples aspectos nuestra labor diaria. Entiendo la necesidad de una orquestación de las actuaciones en el ámbito administrativo, pero rechazo la burocracia aplastante que, en ocasiones, asfixia al tejido investigador.

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